Comida procesada – ¿por qué no podemos parar de comerla?

¿Te ha pasado alguna vez empezar a comer un par de patatas fritas y no poder parar antes de acabar la bolsa entera? ¿O bien probar un bombón, jurarte parar después del segundo y acabar con dolores abdominales después de comer 10 más?

Si es así, ¡no eres el único/la única! Y si te sientes culpable por no poder controlarte, tampoco estás solo/a.

De hecho, tengo una buena noticia. O a lo mejor no es buena, pero por lo menos es interesante y te ayudará a comprender que el/la culpable no eres tú.

Es absolutamente normal no poder parar de comer ciertos alimentos, ya que están creados a propósito para ser irresistibles. De hecho, la industria alimenticia está invirtiendo millones de euros cada año para desarrollar comidas cada vez más irresistibles, dejándonos completamente descontrolados y antojándolos constantemente.

Eso pasa solamente con las comidas procesadas (no creo que te haya pasado alguna vez no poder parar de comer brócoli al vapor).

 

Azúcar, sal y grasa

Las empresas de patatas fritas, palomitas, golosinas, bollería, pizza congelada y muchas otras comidas altamente procesadas, contratan a científicos para crear fórmulas exactas de sabor y textura para ser fáciles de comer en grandes cantidades. Estos científicos tienen en cuenta las señales de nuestras papilas gustativas en relación a ciertos sabores e ingredientes y las respuestas naturales de nuestro cerebro (en este caso: querer más). Una manera fácil y usual de diseñar estas comidas es mezclar dos o tres de los siguientes ingredientes: azúcar, sal y grasa. Es por eso que muchos platos dulces contienen sal y que los salados contienen azúcar (si miras las etiquetas nutricionales, te sorprenderá que básicamente todos los snacks salados, en los cuales no te esperas encontrar ingredientes dulces, contienen azúcar o edulcorantes). Cuando estos sabores se mezclan, nos están estimulando de tal manera, que es muy difícil parar de comer. Algunos ejemplos que mezclan el sabor dulce con el salado y la grasa son los nachos, las cookies de chocolate, el helado con caramelo salado o las patatas fritas con kétchup.

 

Aditivos y colorantes artificiales

Otra estrategia de la industria alimenticia para crear snacks irresistibles es emplear ciertas sustancias, como por ejemplo los emulsionantes, que tienen el fin de mejorar la textura de la comida, haciéndola más cremosa. Se usan especialmente en helados, yogures de sabores o quesos. Algunos de los emulsionantes químicos más usados son el fosfato de sodio y el Polysorbate-80.

La mayoría de los productos procesados contiene también colorantes artificiales y potenciadores de aromas, como por ejemplo el glutamato monódico. Este se ha relacionado con el aumento del riesgo de varias enfermedades, así como con poder actuar como una droga, haciéndonoslo imposible parar de comer. Se encuentra en varios snacks salados, así como en la comida asiática, como la sopa con noodles.

Otros ingredientes extremadamente dañinos son los aceites hidrogenados. Esos son preferidos frente a los aceites naturales, porque no se oxidan y los alimentos duran más tiempo sin alterarse. El problema es que el proceso de hidrogenación causa el aceite a cambiar su estructura química y a liberar muchas toxinas, que luego se absorben en nuestro cuerpo. Estos aceites se encuentran en la mayoría de los productos altamente procesados – desde meriendas saladas hasta galletas, productos de bollería, pizza congelada y patatas fritas.

¿Qué es una comida procesada?

La definición de una comida procesada es una que ha sido cambiada en respeto a su forma original con el fin de mejorar su textura, gusto y duración de vida. Muchas veces, en este proceso, se les añaden ciertos ingredientes para actuar en nuestros centros del placer – desde la boca hasta el cerebro.

Para darnos cuenta del grado de procesar de un alimento, podemos tener en cuenta dos aspectos:

1.     El número de ingredientes que contiene. Cuanto más ingredientes, más procesado es.

2.     La diferencia entre la apariencia física del alimento original y del actual. Por ejemplo, una mazorca de maíz se ve muy diferente a las palomitas cubiertas de polvo con aroma de queso, ¿no? Eso es porque las palomitas han pasado por un largo proceso donde han sido sometidas a altas temperaturas y presiones, además de ser mezcladas con un montón de aromas artificiales. El resultado: un sabor excelente y la falta de básicamente cualquier nutriente.

 

Falsos productos saludables

En este punto, me gustaría llamar la atención sobre un truco de marketing que las grandes empresas usan para que los productos parezcan más saludables. Muchas personas se dejan engañar por embalajes atractivos con títulos como “vegano”, “light”, “con espirulina” o “con semillas de chía”.

 

Comida vegana

En cuanto a lo de “vegano”, las patatas fritas en aceite vegetal hidrogenado son y siempre han sido veganas. Al igual que el azúcar refinado, aceite de palma o potenciadores de sabor son veganos. El mero hecho de que algo sea vegano no lo hace automáticamente saludable.

 

Productos light

Ojo también con los productos “light”. Muchísimas veces, estos contienen menos grasas, pero más azúcares para compensar el sabor. Muchas personas comen productos light en cantidades más grandes que productos normales, ya que piensan que esos no engordan. Pero al final terminan comiendo mucho azúcar sin darse cuenta. En cuanto al grado de procesar, es igual para productos light que para los non-light.

 

Meriendas saludables con superalimentos

Si miramos los embalajes de los snacks “saludables” con súper-ingredientes como la espirulina o las semillas de goji, muchísimas veces notaremos que el contenido de esos ingredientes son extremadamente bajos, como el 0.1% del contenido total. Así que eso no hace ninguna diferencia. Pero sí es bastante para hacernos comprarlo…

Espero que este artículo te ha ayudado a entender que, si no puedes parar de comer ciertas comidas procesadas, el/la culpable no eres tú, ni tienes una baja fuerza de voluntad, sino que se ha invertido muchísimo dinero en crear fórmulas con ingredientes precisos, exactamente para que no puedas parar de comer.

El primer paso hacia un estilo de vida más saludable es tomar conciencia de lo que estás comiendo, de echar un ojo a los ingredientes contenidos, de darte cuenta del grado de procesar de los alimentos, así como de no dejarte engañar por envases atractivos.

Con el tiempo, compra menos comidas procesadas y reemplázalas por alimentos frescos y nutritivos. No tienes porqué hacer un cambio drástico de un día al otro, sino ir mejorando poco a poco, prestando más atención especialmente a la hora de hacer la compra, ya que, al final del día, acabarás comiendo lo que has comprado, por lo que si compras menos comida procesada, también comerás menos.

Y si quieres hacer un cambio en tu vida y vivir más saludable, pero no sabes muy bien por dónde empezar, o simplemente necesitas a alguien para guiarte y aconsejarte en cada paso de tu camino, nuestros asesores con experiencia de varios años ayudando a las personas a alcanzar su mejor versión estarán encantados de ayudarte. ¡Ponte en contacto con nosotros!

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